Sobre el 8 de marzo
| 08 Marzo 2010
En la coyuntura actual observamos una vez más que si bien la clase trabajadora en su conjunto es la que paga las consecuencias de una crisis provocada por la burguesía y no ésta, como se observa en sus resultados empresariales, positivos a pesar de todo, las mujeres sufren estos retrocesos con mayor dureza. Siguen cobrando sueldos hasta un 60% menor realizando el mismo trabajo que sus compañeros. Sus tasas de paro siguen por encima, siendo incluso el doble que el masculino en algunas provincias. Siguen sufriendo una discriminación sistemática, tanto más evidente en la alta dirección y en los sectores más dominados por hombres, donde además sufren otras consecuencias, como el acoso. ¿Cuántas altas directivas conocemos que hayan ascendido por sus propios méritos, es decir, por su trabajo, y no por haber heredado acciones de la empresa? Incluso superando desde hace tiempo la nota media de los varones, lo siguen teniendo más difícil.
Estos techos de cristal se mantienen, lo que demuestra que sigue siendo necesaria la lucha en la unidad. La patronal ha intentado muchas veces colar en los convenios colectivos nuevas categorías profesionales para las mujeres que se incorporan a puestos en los que realizan el mismo trabajo que sus compañeros, pero por un sueldo menor, y debemos seguir denunciando esta discriminación disfrazada de legal. También demuestra esta patronal que no podemos confiar en sus planes de igualdad, que se saltan ellos mismos, y cuyos resultados son ridículos, mientras que los estudios demuestran que cuando son los sindicatos los que tienen la última palabra en los ascensos, se alcanza una paridad casi total (casi el 50% de las personas promocionadas son mujeres) en los tajos donde se ha conseguido esta reivindicación.
Las mujeres, en el siglo XXI, vuelven a demostrar que son cruciales para el progreso de la Humanidad. No olvidemos que siguen produciéndose revoluciones y sin mujeres, ninguna alcanzaría el triunfo. Como he podido observar en Nepal, tras varias décadas de luchas en todos los frentes, una Guerra Popular desde 1996 y 2006 y unas elecciones que han logrado acabar con la monarquía feudal y teocrática y sus discriminaciones de género y castas, y levantando la primera República Democrática Nepalí en su lugar, la participación masiva de las mujeres ha sido y sigue siendo decisiva en todo este proceso. Han formado parte del Movimiento Comunista nepalí casi desde el principio, aunque con innumerables dificultades. Ellas constituyeron más del 40 % de la guerrilla libertadora y lucharon en todos los frentes hasta conquistar puestos en todos los niveles. Gracias a las primeras elecciones realmente democráticas, las Constituyentes de 2008, en las que los principales partidos comunistas han conseguido más del 64% de los escaños, los que ostentan hoy diputadas son más del 30%, algo histórico en toda la región del Sur Asiático. Los avances sociales que se han conseguido hasta hoy se han ido conquistando en parte por la inclusión de la mujer en las luchas obreras y aún hoy queda mucho por conseguir. Entre miles de ejemplos, podemos citar las camaradas declaradas ya heroínas de Nepal Hisila Yami, que condujo un batallón entero del ELP y ha sido ministra al poco de firmarse el acuerdo de paz; y Ram Khumari, que nunca desfalleció en las marchas no-violentas de Katmandú contra el rey, a pesar de las terribles palizas que recibió en varias y por las que terminó en algunas totalmente ensangrentada. Aún no se ha redactado la Constitución que presidirá la naciente república, pero ya han entrado en vigor artículos que contendrá por su importancia en la erradicación de las discriminaciones que sufrían las mujeres, de modo que por fin pueden decidir sobre sus vidas en múltiples facetas: educación, sanidad, matrimonio (incluido el homosexual), divorcio, aborto, abrirse cuentas bancarias libremente…
Como insistimos una vez más, sin mujeres no hay revolución. Y también somos conscientes de que sin socialismo, no se acabará la peor forma de explotación y más cruel contra la mujer, la esclavitud. Se calcula que, de todas las personas que son objeto de tráfico y amenazas con tal de ser explotadas (sea cual sea la actividad que desemplearán), las mujeres constituyen más del 80% que sufren esta barbarie supuestamente abolida en casi todo el mundo. Incluso en los países ricos como el nuestro, se cuentan por miles las mujeres que son engañadas, vendidas, entregadas a proxenetas y obligadas a ejercer la prostitución por parte de todo tipo de mafias, algunas relacionadas con el poder como se ha podido contrastar en alguna ocasión en EEUU y en la Italia de Berlusconi. Ni siquiera con las leyes de este capitalismo en la mano, podemos aceptar esto un día más. Por ello, debemos seguir luchando todas y todos juntos por una sociedad libre de toda discriminación.












